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La voz de la diáspora: Hay tiempo para evitar la catástrofe

Por VENAMÉRICA, NELSON OXFORD , VLADIMIRO MUJICA Según el CNE para las elecciones regionales y locales en Venezuela del 21N se encuentran postulados 70.244 candidatos para optar a 3.082 cargos distribuidos en 23 gobernadores, 335 alcaldes, 253 diputados a Consejos Legislativos y 2.1471 concejales. VenAmerica ha hecho pública su posición de que las elecciones del 21 de noviembre han sido convocadas de manera inconstitucional y reñidas con la legalidad, aun conociendo que existe una opinión entendible y respetable arraigada en algunos sectores del mundo político de la necesidad de aprovechar las elecciones como un espacio para defender el derecho al voto y construir espacios de participación que puedan ser utilizados a futuro en la lucha por la restauración de la democracia. Esta opción se contrapone con la asumida por algunos lideres y partidos políticos que intervienen en estos comicios, aún bajo las leoninas e inconstitucionales condiciones impuestas por la tiranía, recreando un juego individualista, ególatra, irresponsable y suicida, que, de alguna manera augura una nueva victoria al régimen; un proceder incomprensible para la mayoría de la población, al observar la incapacidad para pactar acuerdos que nos haría más competitivos, desdeñando la intención del voto opositor ubicado en un 75%, según lo reflejaban los estudios de opinión desde principios de año, dato que empalagó a más de un incauto, lleno de ambiciones sin votos. Según el CNE para las elecciones regionales y locales en Venezuela del 21N se encuentran postulados 70.244 candidatos para optar a 3.082 cargos distribuidos en 23 gobernadores, 335 alcaldes, 253 diputados a Consejos Legislativos y 2.1471 concejales, 50% de los cuales son promovidos por el régimen para dividir, engañar y confundir, como siempre, y el resto son candidaturas opositoras, es decir aproximadamente 12 “candidatos opositores” por cada cargo a elegir. Pena ajena dirían con razón las abuelas. Pero no terminan ahí los garrafales errores de estrategia y política comunicacional opositora: partidos y candidatos no solo se embarcaron en una verdadera diarrea de candidaturas cuyo simple número resulta repugnante, sino que la acompañaron de una increíble e impresionante campaña de desprestigio y agresiones intestinas, traiciones y usurpación de liderazgos regionales, así como el resurgir de odios y vendettas de vieja data, dando al traste con la ya deteriorada imagen opositora, y maximizando las posibilidades del régimen, que con un escueto 15-20% de apoyo popular, bien disciplinado, podrá hacerse con la mayoría de las gobernaciones y alcaldías del país, otorgándole así la tan buscada carta de legitimidad al gobierno de facto ante la comunidad internacional. A este infortunio es preciso agregar la enigmática demora del llamado G4 y de la Plataforma Democrática en anunciar su decisión de participar, todo lo cual ha reducido la voluntad de participación popular a un 30%, contrastando con más del 80% de rechazo ciudadano al régimen, una diferencia brutal, que ilustra la frustración y anomia de los ciudadanos por la conducta de los partidos, de su dirigencia y de sus desviadas ambiciones, truncando y abandonando sin misericordia, las aspiraciones y anhelos de una población mayoritaria, harta de la tiranía, pero llena de miedo, esperanzada en el cambio, la participación y el voto como su arma “para salir de esto”. Es verdaderamente inaceptable el despropósito de esta errada conducta, que resalta todavía más en momentos de la necesaria unión, por encima la visión minúscula de los pequeños intereses, al toparnos con la realidad evidente de acciones de la justicia internacional que afectan seriamente la irrisoria credibilidad y estabilidad del régimen y sus cabecillas, como son la extradición de Alex Saab, la captura y confesiones del Pollo Carvajal y la trascendente e histórica decisión del Fiscal de la Corte Penal Internacional de abrir oficialmente una causa sobre violaciones a los DDHH y torturas en Venezuela, lo cual de por si es una condena. El 11 de noviembre se cumple el plazo otorgado por el CNE para la sustitución y modificación de postulaciones (Nominal). Este procedimiento tiene que ser evaluado in extremis por todos los actores como un mecanismo en favor de Venezuela y su pueblo, apoyando sin reservas los candidatos con mayor oportunidad, con mejores posibilidades de derrotar al régimen en todos los escenarios. En de rigor que el liderazgo opositor, asuma con seriedad y sin reparo la conducción de este traumático proceso, que no solamente requiere la conquista del poder en aras del bien común, sino que exige de manera perentoria y obligante, el compromiso ético y moral, la inteligencia política estratégica y la unificación de criterios para descartar las candidaturas con menos oportunidades en respaldo unitario a aquellas con mayores opciones. Queremos avivar esperanzas de que nuestro exhorto sea atendido y así evitar que la anunciada y catastrófica derrota electoral ejecutada por un régimen opresor y en minoría, descanse sobre un liderazgo alejado de las expectativas de los ciudadanos que son mayoría. En todo caso, avizoramos desde ya una nueva oportunidad para nuestra democracia a partir del 21N, apuntalando un renovado liderazgo, que conjugue juventud con experiencia, sin complejos, que proteja lo mucho que avanzamos con la presidencia interina de Juan Guaidó, que escuche e incorpore sin resentimientos a todos los venezolanos, estén donde estén, para acometer con bríos la hermosa misión de refundar la casa grande, Venezuela. Desde VenAmerica, dedicaremos nuestros esfuerzos a construir ese nuevo espacio para avanzar en la defensa de los ciudadanos, de los valores democrático y del voto como instrumento de unión y cambio.

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Opinion

¿Un doctorado honoris causa para Nicolás Maduro?

Uno de los pocos amigos que me quedan en el chavismo, a quien debo mantener en el anonimato, me envió una corta nota en WhatsApp: “Es tiempo de que la UCV regrese a las manos del pueblo y la revolución. Las autoridades de la universidad han abandonado el cuidado de este Patrimonio de la Humanidad, que es de todos los venezolanos. El gobierno tuvo que intervenir, primero para rescatar los espacios físicos, y ahora para permitir que se elijan nuevas autoridades que actúen para que la universidad esté al servicio del Plan de la Patria. Maduro debería recibir un doctorado honoris causa de la UCV”. Al principio no sabía si reaccionar airado y ofendido frente a la vomitiva nota que me envió mi otrora amigo cercano. Una nota cuyo contenido ofende profundamente mi sensibilidad de venezolano y ucevista. Tengo una deuda impagable con mi alma mater, donde no solamente adquirí una formación profesional impecable, sino que fue un espacio de crecimiento individual y humano invaluable. Finalmente decidí no ofenderme, y en su lugar dedicarle un espacio a reflexionar sobre las implicaciones y las implícitas advertencias de la nota en WhatsApp. La primera y más simple reflexión es acerca de cómo la narrativa de la “revolución” distorsiona y corrompe la verdad. La destrucción por diseño político de la universidad que ha adelantado primero el gobierno de Chávez y luego su heredero el régimen de Maduro, ha afectado especialmente a la UCV, una institución cuya principal fuente de financiamiento son recursos públicos del presupuesto. Restringir el uso de recursos públicos para el presupuesto universitario, aniquilando el salario de los profesores, ha sido tan solo una de las estrategias empleadas por el chavismo para desarticular a las universidades, pero a ella hay que sumarle la destrucción de instalaciones, la eliminación de los programas de investigación y los posgrados, y la apertura de universidades paralelas, de calidad muy discutible, donde se siguen formando profesionales de segunda, pero presumiblemente revolucionarios convencidos. Este último aspecto, la institucionalidad paralela, merece un análisis más detallado. Según datos presentados por el exrector de la USB y la Unimet Benjamín Scharifker en un reciente foro sobre la «Destrucción por diseño político de la universidad venezolana», en el cual lo acompañé como ponente, las cifras actuales del sistema universitario venezolano son impactantes en cuanto a lo que reflejan como imposición de un modelo político: 32 universidades públicas, no autónomas bajo control del régimen, con cerca de 1.500.000 estudiantes (70% de la población estudiantil). 7 universidades públicas autónomas, con cerca de 365.000 estudiantes  (17% de la población estudiantil). 27 universidades privadas, con cerca de 290.000 estudiantes (13% de la población estudiantil) En resumen, la revolución se ha ido tomando lentamente los espacios independientes de pensamiento y enseñanza y prepara su asalto final sobre lo que queda de las universidades autónomas, especialmente la joya de la corona, la Universidad Central de Venezuela. Para entender lo que está planeando el régimen y poner la nota de mi amigo en perspectiva, es instructivo pasearse por el discurso que Ernesto “Che” Guevara pronunció en la Universidad Central de las Villas, el 28 de diciembre de 1959 (Discurso Che Guevara) en ocasión de aceptar un Doctorado Honoris Causa de la Facultad de Pedagogía de esa casa de estudios. No es posible exagerar la importancia de este discurso como fuente de inspiración para quienes controlan a Venezuela. Copio abajo un par de fragmentos de especial interés: «Y, ¿qué tengo que decirle a la Universidad como artículo primero, como función esencial de su vida en esta Cuba nueva? Le tengo que decir que se pinte de negro, que se pinte de mulato, no sólo entre los alumnos, sino también entre los profesores; que se pinte de obrero y de campesino, que se pinte de pueblo, porque la Universidad no es el patrimonio de nadie y pertenece al pueblo de Cuba, y si este pueblo que hoy está aquí y cuyos representantes están en todos los puestos del gobierno, se alzó en armas y rompió el dique de la reacción, no fue porque esos diques no fueron elásticos, no tuvieron la inteligencia primordial de ser elásticos para poder frenar con esta elasticidad el impulso del pueblo, y el pueblo que ha triunfado, que está hasta malcriado en el triunfo, que conoce su fuerza y se sabe arrollador, está hoy a las puertas de la Universidad, y la Universidad debe ser flexible, pintarse de negro, de mulato, de obrero, de campesino, o quedarse sin puertas, y el pueblo la romperá y él pintará la Universidad con los colores que le parezca.  … nadie más que el gobierno revolucionario que planifica el desarrollo industrial del país de una punta a la otra, tiene derecho a fijar las características y la cantidad de los técnicos que necesitará en un futuro para llenar las necesidades de esta nación, y por lo menos debe oírse al gobierno revolucionario cuando dice que necesita nada más que determinado número de abogados o de médicos, pero que necesita 5.000 ingenieros y 15.000 técnicos industriales de todo tipo, y hay que formarlos, hay que salir a buscarlos, porque es la garantía de nuestro desarrollo futuro». Todo parece indicar que el gobierno de facto de Nicolás Maduro avanza la fase final de la emboscada y asalto a lo que queda de universidad popular, abierta y democrática en Venezuela. Para ello pretende demostrar que las universidades son presas del caos por la desastrosa actuación de las actuales autoridades. La Comisión de Recuperación de la UCV, y el nombramiento de dos connotadas dirigentes del chavismo como Jacqueline Faría y Tibisay Lucena como protectora de la UCV y ministra de Educación Superior, respectivamente, augura que se avecinan los tiempos terminales para la UCV, una casa de estudios que llega a su tricentenario, y que en su momento protegieron Simón Bolívar y José María Vargas como herencia para el pueblo venezolano. Para adelantar acciones en esta dirección es necesario manipular a los estudiantes para que se expresen en contra de los profesores y concluir las gestiones para declarar que las autoridades actuales están usurpando sus cargos, por no haber habido elecciones en más de diez años, y proceder a la elección de nuevas autoridades bajo las nuevas reglas electorales que incluyen el voto igualitario para docentes, estudiantes, obreros y empleados. Aparte de imponer la tesis de las carreras prioritarias para alinear a la universidad con el Plan de la Patria y el Estado comunal. Frente a esta artera maniobra, ¿qué le corresponde hacer a los defensores de la universidad? En una sola oración: abandonar las ilusiones y actuar con unidad para transformar en un problema político de toda la sociedad la defensa de la universidad. Abandonar las ilusiones porque todavía existen sectores de profesores y estudiantes que creen poder negociar con el régimen la realización de elecciones con reglas a mitad de camino entre las actuales y las que se pretende imponer. El gobierno de facto no tiene ninguna necesidad de negociar y simplemente llevará a los profesores a entregar cualquier vestigio de autoridad moral a cambio de nada. Actuar con unidad de los profesores, estudiantes y las familias de los estudiantes en señalar que la destrucción por diseño de las universidades no es el resultado de malos gobiernos o de insuficiencias presupuestarias, lo mismo que la imposición de carreras “prioritarias”. No. Es el resultado de un plan que sigue al dedillo lo expuesto en el discurso del Che Guevara, incluido el derrumbe simbólico de las puertas del Aula Magna y la visita nocturna de Maduro a la UCV. La señal es clara: esto es nuestro y ejercemos nuestro derecho a hacer lo que nos venga en gana, y lo hacemos sin tan siquiera mantener la ficción de universidad e independencia que se ejerció en Cuba. El caso de Venezuela es pornográficamente peor que el de la isla. Es preferible escoger la opción de combatir altivo y desafiante que arrodillarse frente a los ejecutores del pueblo y sus universidades. Ya es tiempo de que aprendamos la terrible lección de que la seudo-revolución no admite negociaciones con los derrotados. Tiempo de regresar a las universidades a defenderlas, aún entendiendo que el salario de los profesores sea la miseria que es, y de que no todas las autoridades hayan defendido apropiadamente a las universidades. Estos no son los tiempos de esa pelea. Ya vendrán otros momentos cuando la democracia se recupere en el país y se pueda armar la universidad del futuro y restituir el respeto a nuestras casas de conocimiento que la falsa revolución se empeña en destruir.

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Opinion

Una tarea urgente: ¡Reparar el liderazgo opositor!

Todo parece indicar que nos acercamos a la confluencia de corrientes que conforman la tormenta perfecta para la oposición democrática venezolana. Por un lado, y quizás el elemento más importante, la manifiesta falta de unidad del liderazgo opositor, que ha hecho implosión con las acusaciones recientes de corrupción con relación al caso de Monómeros, y las posiciones diferenciadas del G4 en cuanto a temas vitales, como el apoyo al presidente (e) Juan Guaidó. En otra dirección, el caos de la participación electoral en los comicios de noviembre. Un tema de importancia capital como lo es la restauración de la confianza de los venezolanos en el voto,  manejado de la manera más absurda y contraproducente posible, con múltiples candidatos enfrentados entre ellos, compitiendo por el voto opositor y abriendo la puerta a que el chavismo, con su magra minoría, se alce con alcaldías y gobernaciones a las que no tendría acceso si se enfrentara a una oposición unificada. Y por último, el asunto de las negociaciones en México, un espacio en buena medida impuesto y abierto por la influencia internacional, en el que la representación opositora luce frágil y desconectada en buena medida del gobierno interino. En relación con las elecciones de noviembre, comparto lo que escribió recientemente el padre Luis Ugalde en un artículo donde enumeraba sus razones para votar. Independientemente de la precariedad de la situación de la oposición, de la tardanza en decidirse a participar, de la ausencia de una estrategia para seleccionar a los mejores candidatos con independencia de su filiación política, del ventajismo del régimen, de la ausencia de garantías, de los vaivenes incomprensibles asociados con la Misión de Observación de la Unión Europea; en fin, contra viento y marea es necesario abrir un canal para que la gente se exprese y, sobre todo, para que comience un duro y difícil proceso de reparación del liderazgo opositor que tome en cuenta las nuevas realidades regionales. Los venezolanos en el exterior, la así llamada diáspora, pueden tener un papel inesperadamente importante en redefinir los términos de actuación de la oposición. No se trata simplemente de un problema de números, asociado con el hecho de que cerca de 6 millones de migrantes están, en la práctica, inhabilitados para ejercer sus derechos políticos y de participación ciudadana elementales. Un colectivo que, como lo ha apuntado Tomás Páez, un estudioso del fenómeno de la diáspora y activista ciudadano,  tiene una actuación destacada e importante en los países de acogida, independientemente de conductas antisociales de algunos individuos, que son utilizadas como deplorable excusa para justificar la xenofobia contra los venezolanos. El asunto es mucho más rico y complejo. La diáspora tiene una acumulación impresionante  de capacidades profesionales e intelectuales, y aún más importante para la tarea que se avecina, de gente comprometida con Venezuela, que se siente parte de un mismo pueblo con los que se han quedado en nuestra Casa Grande, origen de nuestra cultura e historia, hoy gravemente amenazada por la ignominia del régimen de facto. Imaginemos por un momento que se pudiera producir una confluencia de liderazgos emergentes en Venezuela y en la diáspora, luego de los eventos de noviembre. Pensemos en que esa crisis que se avecina se puede transformar en una oportunidad, siguiendo la sabiduría china, y que es posible lograr una confluencia de acciones dentro y fuera de Venezuela, que conjugue la parte del liderazgo existente que está comprometido con la unidad,  con las nuevas fuerzas emergentes para articular una estrategia que efectivamente le dé continuidad a lo que se obtuvo con el interinato, al tiempo que abre oportunidades para el diseño de una nueva estrategia opositora. Un proceso que puede estar acompañado de consultas en la diáspora, y de acciones en los países de acogida, hasta llegar a la conformación de una suerte de Consejo de Salvación de la República. Un paso que se debió haber dado previo a las elecciones pasadas de diciembre, en la forma de un gabinete de transición, si se hubiera atendido el mandato de la propia Asamblea sobre el régimen de transición. Una oportunidad que se perdió por las divisiones internas del G4 y la falta de decisión del propio presidente interino en no  asumirse como líder de un gobierno de emergencia y no un conciliador de diferencias internas en un gobierno colectivo del G4. Esta línea de análisis nos conduce a pensar en la presidencia interina con otros ojos. El mandato de la AN legítima expira en diciembre y con ello aparentemente se extingue la legitimidad del interinato. Nada más lejos de la verdad. Tanto la Constitución de nuestra nación, como el compromiso de muchas naciones con la recuperación de la democracia en Venezuela, nos habilitan para hacer lo que sea necesario para restituir la vigencia de la carta magna, hoy acosada por las acciones del gobierno de facto. Ello podría traducirse en una renovación del mandato de Guaidó, inspirado en el ejemplo del general De Gaulle, dirigiendo a la Francia Libre desde Londres, pero con la exigencia de que verdaderamente se conforme un gabinete de transición, parcialmente en Venezuela y parcialmente en el exilio, apoyándose en el Consejo de Salvación de la República. Una decisión de esta naturaleza, compleja sin dudas, permitiría que Estados Unidos extendiera su protección a los activos petroleros de Venezuela, especialmente Citgo, hoy seriamente amenazados por la voracidad del régimen. ¿Es todo lo anterior un ejercicio inútil de soñar despierto? Quizás. Lo que es indudablemente cierto es que si no actuamos con audacia e imaginación, seremos testigos conscientes o inconscientes de la pérdida final de la República. Es indudable que hay gente muy valiosa y honesta en el actual liderazgo opositor, pero es también incuestionable que es vital una renovación y reconstrucción del liderazgo con una estrategia unitaria clara. No comparto la idea de que las responsabilidades del chavismo y de la desunión opositora son comparables en la destrucción de Venezuela. El chavismo tiene una responsabilidad activa superior, pero es difícil rebatir la noción de que no se ha hecho del lado opositor lo que es necesario para enfrentarse al populismo autoritario que desgobierna a Venezuela. Como apunta una suerte de sabiduría popular cuyo origen me es cercano: podemos culpar al chavismo de todo lo que ocurre en Venezuela, excepto de nuestras propias carencias como oposición.

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Opinion

La sociedad civil es la clave para integración de refugiados

Los venezolanos -organizados en el mundo a través de asociaciones civiles, realidad sin precedente en fenómenos semejantes de migración masiva- no queremos permanecer simplemente como sujetos pasivos Por Paciano Padró y Vladimiro Mujica Bajo la consigna “Organizaciones de la sociedad civil: claves en la integración de refugiados y migrantes”, la Coalición por Venezuela reunió su III Asamblea General en Bogotá, Colombia, con presencia de más de 70 organizaciones en 20 países, y con asistencia de los más importantes organismos internacionales y agencias de cooperación, encabezados por ACNUR y la OIM; fue escenario para declarar formalmente a las organizaciones de la sociedad civil venezolana como claves en la integración de refugiados y migrantes, “factores decisivos en la planificación y ejecución de políticas públicas para atender personas con necesidad de protección internacional”. Los venezolanos -organizados en el mundo a través de asociaciones civiles, realidad sin precedente en fenómenos semejantes de migración masiva- no queremos permanecer simplemente como sujetos pasivos esperando ayuda de países receptores, organismos internacionales y agencias de cooperación, sino protagonistas y actores para facilitar que la ayuda llegue a todos y que haya un mejor rendimiento de los recursos. VenAmérica, organización de la sociedad civil venezolana en los Estados Unidos, formalmente registrada hace ya seis años, es cofundadora de la Coalición por Venezuela, en Medellín, Colombia en 2019, y le ha apostado a su desarrollo y mejor desempeño. Quienes suscribimos este artículo estuvimos en Bogotá, en representación de VenAmérica; Paciano Padrón fue electo Presidente de las deliberaciones de la III Asamblea General y Vladimiro Mujica fue vocero de VenAmérica, al exponer al cierre de la Asamblea General, nuestra propuesta de actuar en defensa de los derechos políticos de los venezolanos que hoy por diversas razones residen en el exterior, como una forma de hacer realidad nuestra participación activa en las decisiones que tienen que ver con la vida pública venezolana; para lo cual presentamos la recién constituida “Plataforma de Venezolanos en el Exterior”, abierta a la cooperación de todos. También, como parte de su actuación en el foro, VenAmerica rechazo toda manifestación xenofóbica contra los venezolanos o contra cualquier otro ser humano en cualquier lugar del mundo; reiterando con nuestra venezolanidad, el derecho a forjar nuestras raíces en las comunidades receptoras, y la disposición a insertarnos y contribuir al progreso de los países que nos reciben, sin renunciar al orgullo de ser venezolanos, al tiempo que exhorto alejarse de cualquier manifestación de discriminación o intolerancia contra ciudadanos de cualquier país, bajo el imperio del Derecho Internacional Humanitario. Por su parte, la Asamblea General de Coalición por Venezuela ratificó su compromiso de seguir trabajando por el fortalecimiento de las organizaciones conformadas por la sociedad civil venezolana, y la unión de todos los venezolanos en general, convencidos de que la unidad es el signo inequívoco del camino al éxito. Mancomunados en intenciones y propósitos comunes, solicitamos a los países amigos, amantes de la libertad y la democracia, a que nos acompañen y ayuden a encontrar salida a la actual situación venezolana, asediada por la tiranía imperante en nuestro país, origen de la migración y refugio de ya casi siete millones de venezolanos, y a recuperar para Venezuela el sistema de libertades, con plena vigencia de los derechos humanos bajo una conducción plural y democrática. www.venamerica.org.

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Opinion

Jorge Luis Borges y nuestro futuro

Caen en mis manos una citas atribuida a Jorge Luis Borges. A pesar de que he leído muchas obras del gran maestro argentino, no consigo encontrar el texto original de donde fueron extraídas. Probablemente alguna entrevista, en realidad no importa, la sabiduría imperecedera sigue estando ahí, intacta. Van apareciendo las frases de Borges de manera inexplicable y premonitoria a medida que se acerca la fecha de las elecciones regionales en Venezuela convocadas para el próximo mes de noviembre, el fin del interinato del presidente (e) Juan Guaidó, el aumento de las probabilidades de un evento catastrófico que involucre a CITGO, uno de los más importantes activos petroleros de Venezuela, y el avance del rumbo incierto de la negociación en México. Eventos que podrían parecer completamente desconectados, pero que dado el profundo grado de incertidumbre en el que se encuentra sumida una parte muy importante de los venezolanos, comienzan a encadenarse en una especie de acto de caída del telón, un incidente que se desarrolla lenta pero inexorablemente ante nuestros ojos. Una madeja de acontecimientos que tiene como eje focal la incoherencia y la falta de unidad en la acción de la oposición democrática frente al gobierno de facto de Nicolás Maduro. Siguen las tres frases de Borges y el contexto en el que pienso se inscriben en la realidad venezolana: Los humanos nos debatimos entre creer que todo está escrito y el convencimiento de que podemos modificar nuestro futuro. Lo primero, aparentemente nos condena a la inacción, lo segundo, abre caminos de cambio, esperanza y frustración. En el caso de nuestro país, resignarnos a que el futuro que se abre a Venezuela es el que se deriva de la destrucción por diseño que la “revolución del siglo XXI” ha avanzado con mano cruel y traicionera, es un agujero negro, una caída sin fin a la que estamos compelidos a oponernos. Pero ello nos obliga a ser consistentes, porque el adversario que tenemos en frente, el populismo autoritario castro-chavista, es astuto y lleno de recursos para mantenerse en el poder, manejando el hambre, el miedo, y ahora el COVID 19, como instrumentos de control. Y la tarea de ser consistentes en nuestra acción opositora, y con una estrategia unitaria, no la hemos cumplido · El futuro es inevitable y preciso, pero puede no ocurrir. Dios acecha en los huecos. La idea de que el futuro es inevitable y preciso, padece de una ambigüedad contradictoria con la idea anterior, porque una caracterización tan certera del futuro pareciera negar nuestra habilidad para cambiarlo a través de nuestra acción. Quizás debemos entender esta sentencia de Borges, como que a pesar de que nuestra acción prefigure un futuro inevitable, siempre Dios y la providencia pueden intervenir para cambiarlo. En la tarea de actuar con decisión y unidad para prefigurar un futuro distinto al desastre chavista, también tenemos debilidades muy importantes. · El futuro no tiene otra realidad que la esperanza presente, y el pasado no es más que memoria presente. Concebir el pasado como memoria, no olvidarlo y aprender del mismo, es un sabio consejo. Concentrarse en la esperanza como realidad, nos expone también a la inacción, pero al menos nos invita a la reflexión. ¿Cómo se introdujo esta cadena de pensamientos en mi mente? No logro realmente resolver el dilema, pero me encuentro contemplando y analizando lo que ocurre. Me había dado un receso de un mes, en el cual pensaba seguir actuando, pero no escribir mucho sobre Venezuela porque quería darle un espacio a la negociación de México, sin especulaciones excesivas, entendiendo que era un proceso inevitable. Pero esa convicción no me ha impedido ver y analizar el desastre de centenares de candidatos opositores, peleando entre si en las circunscripciones electorales, tratando de usurpar espacios, propinándose zancadillas mutuas, y dejando una sensación amarga de que nuestra gente insiste en pelarse por una botella vacía mientras el régimen se regodea en nuestras divisiones y desaciertos. Mi predicción sobre el futuro incierto de las elecciones no está cargado de esperanza. Mi receso tampoco me ha impedido ver la madeja de intereses que se tejen alrededor de los activos de la industria petrolera que están bajo el control del interinato. La acción valiente de Horacio Medina, amigo entrañable e incorruptible, y de un grupo de venezolanos ligado al mundo del petróleo, ha logrado mantener una espacio de eficiencia y compromiso con la defensa de nuestros activos, especialmente CITGO. Pero el escándalo de la empresa Monómeros, y la injerencia descarada de agentes políticos en su manejo ha detonado una bomba peligrosa y de largo impacto. Es difícil no concluir que Humberto Calderón Berti tenía razón en muchas de sus críticas a la injerencia política en la empresa. La acción de Guaidó en todo este tema ha sido encomiable, pero insuficiente para detener la desintegración del interinato que se anuncia con el comunicado de Primero Justicia y la posición de Julio Borges, insistiendo en una fórmula imposible de articular sobre CITGO, una empresa que se encuentra bajo la protección del gobierno norteamericano. Una protección que ha sido vital para resguardar este activo fundamental de sus acreedores, tanto la empresa canadiense Crystallex, como los propietarios de los bonos 2020, como otros acreedores como Conoco-Philips, y fondos buitre que se encuentran al acecho. ¿Cómo puede explicarse la insistencia en la fórmula del fideicomiso de Borges mientras algunos de los miembros de su partido en la Comisión Delegada la AN han sido instrumentales en negar los recursos presupuestarios indispensables para la defensa de CITGO? Y por último México. Todavía es demasiado temprano para sacar conclusiones, pero el solo hecho de ser testigo de la acción descarada y poco seria del gobierno de facto en una negociación donde ya se anotaron el triunfo de que el interinato no está presente, el boicot a Carlos Vecchio, y la exhibición de globos y pancartas con la imagen de Saab, fugitivo de la justicia internacional y agente de una red de corrupción internacional. Todo ello hace pensar que el gobierno de facto ya sacó de la negociación de México lo que le interesaba: el reconocimiento de la comunidad internacional acerca de la legitimidad de Maduro y la participación de la oposición en las elecciones de noviembre. Falta solamente entregar alguna parcela seleccionada a la oposición para completar la transición de régimen forajido a gobierno legítimo. El resto es el regreso de importantes capitales, muchos de ellos producto de la corrupción, y empresas que estén dispuestas a trabajar bajo las condiciones leoninas que imponga el régimen para instaurar un modelo económico que “mejorará” la situación del país al precio de perpetuar al chavismo-madurismo en el poder. El tema de las sanciones, supuestamente clave para el gobierno, ha ido pasando lentamente a un segundo plano. Sigo pensando en la sabiduría de Borges, mientras me pregunto como se recompondrá el liderazgo opositor, porque la pelea seguirá y estamos obligados a continuarla, después del desastre anunciado de noviembre.

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Las víctimas no materiales del chavismo

Mucho se ha hablado y escrito sobre la ruina material que 20 años de perversión socialistoide autoritaria, conocida por sus creadores con el pomposo remoquete de socialismo del siglo XXI, han traído a Venezuela. Varias organizaciones internacionales, como Human Rights Watch (HRW), Acnur y la OEA), han coincidido en señalar la condición de emergencia humanitaria compleja de nuestro país, agravada considerablemente por la pandemia. Al escenario apocalíptico de la otrora pujante economía venezolana, ahora reducida a escombros, el colapso de los salarios y la gravísima crisis de salud pública, se le une una descomunal marea de migraciones que ha separado a millones de familias y creado una diáspora de unos seis millones de venezolanos regados por todo el mundo en condiciones muy variadas, desde casos de éxitos notables y contribuciones importantes en los países de acogida, hasta situaciones de penuria indescriptibles. Desde el punto de vista estrictamente económico, el país se ha fracturado en varios subpaíses, a falta de otro término apropiado. Uno, el de los privilegiados y enchufados del régimen; otro, el de los que viven en burbujas protegidas por contar con recursos propios o de familiares; otro aún, el de la gente que ha seguido dando la pelea en Venezuela, que ha encontrado modos de asegurarse la vida y que responde en buena medida porque el país siga funcionando en algún modo y, un cuarto país, lleno de incertidumbres y penurias, el de las bolsas CLAP, el Carnet de la Patria, la pobreza y el temor a si lo que está por venir puede ser peor de lo que ya viven. Puede afirmarse, sin lugar a dudas, que cualquier cosa que estaba mal en la Venezuela pre-Chávez, y que llevó a mucha gente a votar por desesperanza por el comandante, está hoy peor. Ese simple hecho, nos debería llevar a una reflexión muy profunda sobre las fragilidades de la democracia. Sobre cómo la democracia es dramáticamente vulnerable a la pobreza y la exclusión, pero también a la falta de formación ciudadana y a la ausencia de visión del liderazgo venezolano. Por doloroso que sea admitirlo, a Chávez lo eligió la clase media, liderada por políticos, empresarios y dirigentes de los medios de comunicación, que quizás deberían haber reflexionado más a profundidad sobre lo que significaba la aventura del «hombre a caballo», y lo perpetuó en el poder una combinación sabia y perversamente construida de los pobres y excluidos con la corrupción del poder, los militares e importantes apoyos internacionales. Cómo llegó a ocurrir lo que ocurrió no está suficientemente analizado —y mucho menos internalizado— en nuestras conciencias. Si lo estuviera, nuestra oposición democrática no estaría en el estado de división en que se encuentra y hubiese encontrado el camino para avanzar en la recuperación de la nación. Pero ese es otro tema. Las víctimas no materiales del populismo autoritario chavista incluyen predominantemente el espíritu de la nación, la moral, la ética del pueblo venezolano y sus posibilidades de enfrentar los retos de la vida a través de la educación. Podría quizás argumentarse que ninguna de estas categorías es cuantificable, lo cual podría ser cierto, pero eso, lejos de restarle fuerza al argumento, lo transforma en un problema de fondo para nuestra conciencia ciudadana. Indaguemos, por ejemplo, sobre el tema de la educación. En ninguna otra área de nuestra vida como sociedad se evidencia el caso de tierra arrasada que ha dejado la sevicia del chavismo. No solamente menos escuelas, menos atendidas, de inferior calidad, con maestros peor pagados sino mucha mayor deserción escolar y menos posibilidades de nuestros niños para aprender. No únicamente por la carencia de materiales escolares sino porque el hambre y la ausencia de nutrientes en edades críticas producen daños irreparables en sus cerebros y limitan sus posibilidades de aprender. El caso de las universidades y los centros de generación de conocimiento requiere un análisis separado, porque allí la destrucción por diseño es una realidad dolorosa y palpable. Enfrentados al pensamiento independiente, a la libertad consustancial a la actividad universitaria, el castro-chavismo arruinó a nuestras universidades utilizando una diversidad de estrategias infames que iban desde la aniquilación del salario y los asaltos a las instalaciones, hasta la captación de aliados internos y la conformación de una red de centros universitarios paralelos de calidad inferior. Ni tan siquiera en otros ejemplos de autoritarismo como la antigua URSS, e incluso Cuba, se destruyó la universidad pública como en el caso venezolano. Los daños al espíritu, a la moral y a nuestra ética social, no se pueden medir en números ni estadísticas sino en dolorosas y palpables realidades. ¿En qué familia venezolana no se ha escuchado a los hijos diciendo que se quieren largar de Venezuela porqué allí no hay futuro para ellos? ¿Cuántos de nuestros jóvenes no han sido reclutados por los demonios de la corrupción como único recurso para sobrevivir? ¿Cuántas miradas de desesperanza no surgen cruzando a pie la frontera, camino a un destino incierto en cualquier otra latitud? ¿Cuántos padres y abuelos no han muerto solos y abandonados, desconectados de sus hijos y nietos, a veces por decisión propia, en otras ocasiones por realidades impuestas? ¿Cómo se recupera la esperanza y el dolor de dos décadas de destrucción de nuestro espíritu? Tomará mucho tiempo. Afortunadamente, han sobrevivido los héroes civiles que mantienen viva la esperanza. La tarea de nuestros negociadores en México, la tarea de cualquiera que pretenda abrir caminos para salir de la insondable crisis que corroe a Venezuela, va mucho más allá de abrirle senderos a la recuperación material, y debe despejarle la ruta a que las víctimas intangibles de dos décadas de la acción nefaria de gobiernos enemigos de su propio pueblo, sean también reconocidas.

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Opinion

Las enseñanzas del drama afgano y el talibán

Por supuesto que sería ocioso y aventurado comparar lo que está ocurriendo con el talibán en Afganistán con la historia venezolana reciente. Excepto para hacerse una pregunta importante: ¿qué ocurre cuando la comunidad internacional, y especialmente Estados Unidos, pierde su interés estratégico en un país específico que pasa por una crisis autoritaria, o por una guerra, o por un genocidio? Las respuestas a esta pregunta son complejas y de diverso tono, pero el examen de distintos acontecimientos históricos relevantes puede dar una clave importante. (1)   Las matanzas del régimen de Stalin contra el pueblo ucraniano y el exterminio por hambre, que en ucraniano se conocen como Holodomor, y que se tradujo en unos tres o cuatro millones de víctimas entre los años 1932 y 1933. Todo ello bajo la mirada impávida de la comunidad internacional. (2)   El 13 de mayo de 1939 más de 900 judíos abandonaron Alemania a bordo de un crucero de lujo, el SS St Louis. Esperaban llegar a Cuba y de ahí viajar a Estados Unidos, pero algo en el camino salió mal. En La Habana fueron rechazados por el régimen cubano y posteriormente por el gobierno norteamericano al intentar atracar en Miami. Los pasajeros fueron enviados de vuelta a Europa, donde más de 250 de ellos acabarían muertos por los nazis. La decisión de no acoger a estos refugiados estuvo fundamentada en el temor que tenían muchos países a involucrarse en el conflicto europeo y a eventualmente recibir oleadas de refugiados. (3)   El conflicto guerrillero en América Central, especialmente en Nicaragua, Guatemala y El Salvador, que dejó millones de muertos desaparecidos y desplazados. Una historia compleja de derechas e izquierdas entremezcladas en un conflicto interminable. [MOU1] 4)   El genocidio de Ruanda, ocurrido durante una guerra civil en ese país el año 1994, terminó con cerca de 1 millón de víctimas, muchas de ellas asesinadas a machetazos por civiles Hutus contra civiles Tutsis. La comunidad internacional, especialmente el Consejo de Seguridad de la ONU, se rehusó por meses a calificar la matanza como genocidio, porque ello habría obligado a una intervención militar en el país africano. Estados Unidos estaba también informado y no intervino abiertamente para evitar una experiencia similar a la de Somalia. La lista de conflictos que han costado millones de vidas humanas, algunos generados por las acciones de los pueblos contra sí mismos, otros por intereses foráneos o por conflictos religiosos, raciales o tribales, es verdaderamente horrífica e interminable. El caso del conflicto venezolano, que ya se ha prolongado por más de dos décadas, nos toca especialmente y rehuye con frecuencia cualquier explicación racional para quienes observan desde la arena internacional cómo un país que lo tiene todo para atender a su gente, se precipita por un abismo de violencia, destrucción y empobrecimiento que ha conducido a un éxodo de dimensiones sin precedentes en la región. No incluí en mi lista anterior de situaciones extremas el caso del talibán, porque intencionalmente lo he dejado para hacer una reflexión sobre el riesgo que está corriendo nuestro país de convertirse en un caso irrelevante para la comunidad internacional, excepto para nuestros vecinos inmediatos como Colombia, que padecen una grave crisis de dimensiones regionales por el volumen de inmigrantes. Los venezolanos no podemos resolver la tragedia generada por el chavismo solos, y tal parece que cada vez que las naciones del mundo nos intentan acompañar se encuentran, por un lado, con las trampas ineludibles del régimen que solamente negocia si le conviene para su imagen e intereses y, por la otra, con la conducta cada vez más difícil de entender del propio liderazgo de oposición, embarcado en un conflicto de intereses internos que está cada vez más desvinculado de los intereses de la nación. Creo que las negociaciones de México eran inevitables dada la situación de debilidad de ambas partes, régimen y oposición democrática. Pero la verdad del asunto es que si estas negociaciones fracasan, el régimen tiene mucho menos que perder que la oposición democrática y, sobre todo, el país. El camino a esta mesa de negociación, donde llegamos en condiciones débiles, ha estado plagado de un largo rosario de errores, íntimamente ligado a la ausencia de una unidad estratégica y de acción en las fuerzas del campo opositor. El interinato ha llegado, de facto, a su término y la Plataforma Unitaria que negocia a nombre del G4, y presumiblemente a nombre de Venezuela, tiene una cantidad de adversarios importantes en el propio campo opositor. La crisis terminal en Afganistán y el retorno del talibán, con todo lo que esto significa, se produjo cuando el interés estratégico de Estados Unidos y la OTAN en mantener su presencia en ese país llegó a su fin. Los venezolanos deberíamos vernos en el espejo de lo que significaría convertirnos en parias de la comunidad democrática internacional, en buena medida por nuestras propias carencias. Parece que no hay cómo repararlas, pero estos deberían ser los tiempos de la unidad de la oposición democrática, no solamente de cara a la negociación en México, sino en todo lo que tiene que ver con una estrategia y un mensaje claro en relación con las elecciones de noviembre y la atropelladora dinámica de nuestro país, sumido, gracias a un modelo de destrucción por diseño, en una espiral de pobreza y represión crecientes.

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Podcast Democracia Capitulo 3

Aquí tienes el 3er capítulo de la serie del Podcast “Democracia: aciertos y errores”, con la voz autorizada de Vladimiro Mujica, Químico, analista político y Profesor en Arizona State University. Vladimiro Mujica, Químico, especialista en Nanotecnología, Profesor en Arizona State University y analista político; hace una semblanza de la democracia partiendo de una frase legendaria de Winston Churchill, para luego formular su visión en torno a los tinglados que fortalecen este sistema: cuando hay separación de poderes, políticas fuertes de desarrollo y transparencia en el desempeño.

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El rector Planchart

Un corto intercambio en WhatsApp con Benjamín Scharifker, rector de la Universidad Metropolitana, exrector de la Universidad Simón Bolívar, y amigo cercano, da cuenta de la cercanía, tristeza y preocupación que embarga a los universitarios venezolanos por la partida de Enrique Planchart, rector de la USB V.M: —Lamento mucho la muerte del rector Planchart. B.S: —Gracias, Vladimiro. Deja gran legado y un enorme vacío, el futuro de la USB es ahora muy incierto La apreciación de Benjamín Scharifker resume, en pocas y densas palabras, lo que muchos de nosotros, ligados intelectual, vital y socialmente a la universidad, sentimos en estos momentos de duelo: acaba de fallecer un hombre esencial para el desigual combate que la universidad venezolana libra contra el gobierno de facto chavista-madurista, empeñado en una campaña de destrucción por diseño de la institución universitaria. El caso de la USB es especialmente significativo, porque esa universidad ha tenido que soportar un ataque frontal del gobierno, acusada de elitista y discriminatoria en el acceso estudiantil, y obligada a entregar todo el sistema de selección estudiantil a la OPSU. La USB tenía un sistema de selección basado en méritos, pero abierto a todos los sectores de la población, sin exclusiones sociales, como pueden dar fe —y lo han hecho— los miles de egresados de esa universidad que tuvieron la oportunidad de estudiar en sus aulas. La persecución del gobierno de facto no se ha limitado a transformar el sistema de acceso estudiantil a la USB en otra burla al estudiantado venezolano sino que ha impuesto autoridades, vulnerado en repetidas oportunidades la autonomía universitaria y, en definitiva, demolido lo que fuera una de las piezas estelares de una constelación de universidades e instituciones públicas de generación de conocimiento, que incluían a la USB, la UCV, la ULA, LUZ, la UDO, el IVIC e Intevep,  que otrora fueran el orgullo venezolano y motivo de admiración en el mundo, y que hoy yacen en un oprobioso abandono. De hecho, las únicas universidades que han logrado a duras penas proteger a sus profesores y estudiantes de la depauperación crítica, son las instituciones privadas, cuyos exponentes mas importantes son la UCAB y la Unimet. Un hecho que requiere un análisis adicional, pero no hoy, no en estas circunstancias. Contra toda la sevicia de los gobiernos de Chávez y Maduro se opuso Planchart. Su voz ronca y sabia resuena hoy con mucha fuerza, quizás contra el telón de fondo de una dura enfermedad que lo asechó en sus últimos años de vida, que le restó fuerza a su presencia física, pero nunca a su poderosas estatura moral. Uno podría especular, imaginar quizás, que el Rector Fundador de la USB, Ernesto Mayz Vallenilla, una de las figuras prominentes del liderazgo venezolano que cayó víctima del «encantador de serpientes» y líder máximo de la «revolución» chavista, se esté hoy reencontrando en el más allá con uno de sus sucesores más verticales y honorables. Cabría también señalar que las palabras del exrector Mayz Vallenilla, vertidas cuando sus ojos ya se habían abierto al despropósito de Chávez y sus seguidores, resuenan hoy con fuerza premonitoria, rescatadas de una nota de la agencia EFE, publicada por El Nuevo Herald el 13 de noviembre de 2001. Casi una eternidad ha pasado entre hoy y esos tiempos sepultados en la memoria venezolana: Exasesores de Chávez prevén una catástrofe  Señalan que el gobierno venezolano debe enmendar su actual rumbo Cinco de los 12 miembros de una comisión de asesores creada por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, poco antes de comenzar su mandato, alertaron ayer sobre la «catástrofe» que acecha al país por el rumbo que ha tomado el gobierno. «No es posible que quienes formamos la Constituyente no cumplamos con nuestro deber moral y advirtamos sobre la catástrofe, la debacle inminente», que se cierne sobre Venezuela, declaró a la emisora Unión Radio el filósofo Ernesto Mayz Vallenilla, exrector de la Universidad Simón Bolívar.   Mayz, que formó parte a principios de 1999 de la Comisión Presidencial Constituyente que precedió a la extinta Asamblea Nacional Constituyente (ANC), dijo que la constante confrontación de Chávez con todos los sectores nacionales conduce al país hacia la anarquía, por lo que exigió al gobernante rectificar a tiempo.   «Mediante esta siembra de odio, de proliferación de zanjas, no se puede gobernar un país, y Chávez cree que esa confrontación es la única manera de gobernar», declaró Mayz, antes uno de los más férreos defensores de la «revolución chavista». No era Enrique un recién llegado a la tarea de construir un sistema de enseñanza de primera línea y abierto, sin exclusiones, a todos los venezolanos. Lo conocí desde sus tiempos al frente del Centro Nacional para el Mejoramiento de la Enseñanza de la Ciencia (Cenamec) entre 1989 y 1999, año a partir del cual pasó a dirigir el Programa de Igualdad de Oportunidades (PIO) de la USB, uno de los programas más importantes de inclusión social adelantados por esa universidad. Su período rectoral comenzó el año 2009, 12 años ininterrumpidos, hasta su muerte el pasado martes 27 de julio, sin la posibilidad de realizar elecciones por el capricho ignaro del chavismo de pretender modificar la Ley de Universidades —tarea que no han podido consumar y la razón por la cual no se eligen nuevas autoridades en las universidades desde hace más de un década—  para convertir a nuestras casas de estudio en una versión deplorable del Estado Comunal, donde méritos y experiencia no tienen cabida porque promueven el talento y la libertad de pensamiento, dos enemigos mortales de la indigencia intelectual y moral del experimento chavista de control de la sociedad. No es la USB mi alma mater. Pero mi pertenencia al profesorado de la UCV no solamente no me impide reconocer y admirar su trayectoria vital de defensor de una institución vital para la sociedad sino que me da la libertad y la independencia de la distancia. Feliz travesía a donde quiera que hayas partido, querido Enrique. Ya vendrán mejores tiempos para la universidad y nuestro país. Nos toca a todos los universitarios, y a la sociedad en general, atender la urgencia y el reto que tu ausencia genera para la USB, como bien lo reconoció tu predecesor en el cargo.

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La preocupada voz de los aliados

Parece increíble que un pronunciamiento de gran importancia sobre la crisis venezolana, suscrito por Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, haya recibido escasa atención en las inefables redes sociales de venezolanos en Venezuela y en la diáspora. En la página del Departamento de Estado de los Estados Unidos, bajo la rúbrica de comunicados referidos a Venezuela se encuentran nada menos que 62 entradas. Vale la pena pasearse por el texto en cuestión (traducción libre inspirada en Google Translator). La siguiente declaración fue emitida por el Secretario de Estado Antony J. Blinken, el Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, y el Ministro de Asuntos Exteriores de Canadá, Marc Garneau. (Comienzo del texto:) Seguimos profundamente preocupados por la crisis actual en Venezuela y su impacto regional y global. La solución pacífica a esa profunda crisis política, social y económica tiene que provenir del propio pueblo venezolano a través de negociaciones integrales lideradas por Venezuela con la participación de todos los interesados. Un proceso de negociación integral y con plazos concretos debería restaurar las instituciones del país y permitir que todos los venezolanos se expresen políticamente a través de elecciones locales, parlamentarias y presidenciales creíbles, inclusivas y transparentes. Pedimos la liberación incondicional de todos los detenidos injustamente por motivos políticos, la independencia de los partidos políticos, la libertad de expresión, incluida la de los miembros de la prensa, y el fin de los abusos contra los derechos humanos. Damos la bienvenida a los avances sustantivos y creíbles para restaurar los procesos e instituciones democráticos centrales en Venezuela y estamos dispuestos a revisar las políticas de sanciones sobre la base de avances significativos en una negociación integral. Hacemos un llamado por condiciones electorales que cumplan con los estándares internacionales para la democracia, comenzando con las elecciones locales y regionales programadas para noviembre de 2021. Seguimos comprometidos a abordar la grave crisis humanitaria dentro de Venezuela y damos la bienvenida a un mayor acuerdo entre todos los actores políticos en Venezuela para permitir el acceso sin restricciones a la asistencia humanitaria, que incluye alimentos, medicamentos y suministros críticos de alivio para el COVID-19. (Final del texto) Google Translator es normalmente un buen punto de partida para este tipo de traducciones. Sin embargo, cuando se trata de textos complejos políticos, filosóficos o técnicos, se requiere una revisión cuidadosa. En este caso, hay que prestar atención a que la declaración menciona en su segundo párrafo (en inglés) The peaceful solution to that deep political, social, and economic crisis has to come from the Venezuelan people themselves through Venezuelan-led, comprehensive negotiations with participation from all stakeholders. Google Translator traduce, correctamente, stakeholders como «interesados», lo cual podría llevar a pensar que el documento llama simplemente a la acción conjunta de los interesados en buscar una solución pacífica a la crisis venezolana. El problema es que hay una sutileza importante en el uso en inglés de este vocablo, y es que el mismo se puede referir a accionistas o, en general, a actores que tienen poder, influencia e injerencia sobre las decisiones. Es decir, que los «interesados» o «partes interesadas» a las que se refiere el comunicado de los principales actores internacionales de apoyo al gobierno interino de Juan Guaidó, en primer lugar no lo mencionan y, aún más importante, están invocando la eventual participación de todos los stakeholders en la crisis venezolana, lo cual incluye de manera predominante a los países que apoyan al régimen de Maduro, especialmente Cuba, Rusia y China y, por supuesto, al propio régimen y los factores de la oposición. Dicho en términos más directos, el que el documento se refiera de manera implícita a factores de poder interesados ratifica una tendencia importante en el apoyo internacional a Venezuela: no hay solución real a la crisis venezolana sin tener en cuenta los intereses del poder tras el trono del régimen madurista: Cuba. La idea implícita parece ser que cualquier negociación sobre Venezuela debe garantizar al menos la sobrevivencia a Cuba, y la atención de la deuda a Rusia y China. El otro párrafo esencial de la nota de prensa del Departamento de Estado norteamericano es el referente a las elecciones programadas para noviembre de este año por un Consejo Nacional Electoral cuya legitimidad es cuestionada por Guaidó y buena parte de la oposición. Es evidente que la declaración reconoce que las elecciones de noviembre se van a realizar, lo cual sin duda involucra un reconocimiento implícito al CNE independientemente de que el mismo haya sido nombrado por la Asamblea Nacional «alacrana». La breve nota de prensa del Departamento de Estado norteamericano constituye una advertencia importante tanto al gobierno interino como a la oposición venezolana en su conjunto. Los países que han estado más del lado del gobierno interino y, en general, de la causa de la democracia y la libertad en nuestra nación, no solamente apuntan implícitamente al involucramiento de actores internacionales que apoyan al régimen de Maduro sino que señalan de modo explícito que están dispuestos a cambiar sanciones por condiciones electorales aceptables dentro de una negociación integral. La voz de nuestros aliados internacionales suena con fuerza, y cada vez con mayor intensidad, en la dirección de lo que ya sabemos y no aprendemos. Se requiere con urgencia una actuación estratégica unificada de la resistencia democrática. Una que apunte de modo inequívoco a rescatar el valor del voto como herramienta de combate contra el gobierno de facto. Ello supone tomar una decisión unitaria sobre los procesos electorales. O bien participar para competir en espacios restringidos o bien no participar masivamente para evidenciar el fraude. Ambas conductas son posibles. Ambas exigen una decisión unificada que se nos sigue escapando entre las manos, mientras el gobierno de facto avanza con mucha solidez y sentido de poder.

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